sábado, 20 de septiembre de 2008
Testimonio
Tenía ocho años, cuando por primera vez escuche del fin del mundo y del juicio final, impactada por tales sucesos, y al descubrir que podía entregar mi vida a un Salvador, abrí las puertas de mi corazón a Jesucristo. No entendiendo nada, pero aceptando que sin El, mi vida no tendría salvación.
Pasó el tiempo y a la edad de 12 años, en una mañana de domingo, nuevamente abrí las puertas de mi corazón, esta vez había escuchado de su amor hacia la humanidad y que nos ha dado el gran regalo de su inmenso amor, pero aún así no entendí nada.
Pasó aun más el tiempo, y a la edad de 16 años, en largas noches, Él me enseñó el camino a la verdad y me hizo acordar de lo que había oído y visto desde niña y entendí que me buscaba insesantemente y decidí seguirlo, entregando mi vida a Él.
Cuando cumplí 17 años, entré a las aguas, bautizándome en el nombre de Jesucristo, muriendo a mis propios deseos y dejando mi voluntad por la voluntad divina del Creador. Pero el testimonio dado en las aguas, fue probado con fuego. Un día escuché su voz, como estruendo resonó en todo mi cuerpo. Mi mente y corazón entendieron que era Él, quien me dicía: renuncia...no era una renuncia cualquiera, era dejar a un lado mi deseo, mi propia voluntad y deseo.
Fue complejo, pero a través de esta prueba pude comprender, el inmenso amor de Dios hacia mi vida, y logré entregar mi voluntad al Creador, siendo para mi, el único Señor de mi vida, dejándome moldear, entregando mi vida al servicio de Dios.
Hoy, tengo 28 años, y no me arrepiento de esta decisión, porque mi vida cambió desde el momento en que entregué mi vida a Dios, y ha sido mi sustento, mi fortaleza y escudo en momentos de tristeza y angustía, me ha enseñado a perdonar y amar. En la actualidad se que me ama con un amor eterno, soy feliz al saber que en Él tengo en quien confiar, soy su hija y me dado la salvación.
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