Cuando abri mis ojos,
vi a una mujer maravillosa frente a mi,
con una riquesa increible de entregar al otro amor. No importando lo que tuviera que hacer,
con tal de ver dibujada en el rostro una sonrisa.
Un tiempo antes, sólo un tiempo,
no entendió lo que pasó
y la esperanza y la ilusión fueron enterradas en la desesperanza. Sólo un tiempo.
Miró a su alrededor, y se dio cuenta que la que estaba ahí no era ella, sino lo que quedó de ella.
Se describió como una huerfana en el tejado, vestida con harapos, con el cabello despeinado y maltratada por el viento y la soledad que golpeaban su corazón. Observaba y no veía nada, más que soledad y abandono. Su amado no estaba y nada de lo que una vez tuvo, estaba. No habían sueños, metas, creencias ni fe..., se había olvidado de sonreir y de ser feliz.
Siempre está más oscuro antes del amanecer, y sólo el Amor sublime de Aquel que un día llenó su corazón, le hizo entender lo maravilloso del perdòn, y de la libertad que brinda a los que se atreven a perdonar por amor y son capaces de crear un mundo nuevo.
Paso un tiempo, y se miró de nuevo y se vio hermosa, y vi a una mujer maravilosa frente a mí...